Alejandrita y diodo en la misma clínica: por qué importa tener las dos

Durante años el debate entre alejandrita y diodo se planteó como una elección: o uno u otro. Los centros compraban una máquina y trataban a todos los pacientes con ella, ajustando lo que se podía. Hoy la respuesta profesional es otra: la mejor tecnología es la que se elige para cada piel, y eso exige tener las dos.

El alejandrita, a 755 nanómetros, es el láser que la melanina absorbe con más avidez. En piel clara con pelo oscuro es rapidísimo y muy eficaz; en piel morena o bronceada aumenta el riesgo de quemadura. El diodo, a 810, penetra algo más y se tolera mejor en fototipos altos; con cabezal refrigerado es el caballo de batalla de cualquier clínica que atiende a todo tipo de pacientes.

Un mismo paciente puede necesitar ambos. Es habitual tratar las piernas y la espalda con diodo y las axilas o el labio superior, de pelo más fino, con alejandrita. O empezar con alejandrita en invierno y pasar a diodo cuando la piel coge color en verano.

Un buen ejemplo de esta filosofía es la página de depilación láser en Málaga de una clínica de estética del centro de la ciudad, que explica cuándo usa cada tecnología, cómo se valora el fototipo y qué esperar de cada sesión. Es el tipo de información que uno querría leer antes de contratar un bono en cualquier ciudad.

Un consejo para el paciente: si un centro solo tiene una máquina, que al menos le expliquen por qué es la adecuada para su piel. Y si no saben decir qué longitud de onda emite, mejor buscar otro.